Me encuentro en el borde del precipicio. Llueve. Las gotas golpean
mi cuerpo solo cubierto por una camiseta de algodón, unos pantalones vaqueros y
unas deportivas de lona. Estoy totalmente empapada. Primero golpean con dureza
las gotas de lluvia en mí, luego recorren mi cuerpo, lentamente, haciéndose
notar el camino que recorre cada gota.
Estoy en esta
montaña, justo en el límite donde la gravedad une mis pies a la tierra... solo
un valiente y atrevido trozo de mi zapatilla se asoma al abismo, solo ese trozo
es capaz de contemplar todo lo que yo solo puedo imaginar.
Nadie está cerca. Solo mis pensamientos, mis sensaciones, mis
emociones, mis sentimientos son los que se materializan y los que me hablan.
Hablan todos a la vez… ¡Callaos!, no puedo entenderos, estoy aquí buscando paz,
no para escuchar vuestros discursos inaudibles porque queréis hablar todos a la
vez.
Hoy me toca a mí hablar. No necesito más frases derrotistas, no
necesito gritos, no necesito reproches, no necesito malos ratos, no necesito
que viváis en mí para volveros contra mí. No necesito saltar a este agujero
interminable y que me llevará a la nada, no lo necesito porque no lo quiero.
Se cierra este ciclo y se empieza uno nuevo. Este libro está escrito,
terminado, está más que leído. Voy a seguir escribiendo, viviendo, porque eso
es lo que busco. Te busco a ti entre tantos, te busco entre mis páginas, ente
mis palabras, entre mis errores, entre esos momentos escritos sobre los mejores
folios, para garantizar su conservación por un mayor tiempo.
Te busco y no te encuentro.
Te necesito.
Tú, que eres esa parte de mí que ya no veo, que no encuentro, que
no puedo usar porque ya no existes.
Me visto con la misma ropa, uso las mismas palabras, retrocedo… no
en el tiempo, sino en mi evolución, pero sigo sin encontrarte.
Valentía, chulería… que bien quedabais en este cuerpo. Parecíais
hechos para encajar, como dos piezas que se fabrican en serie y que se unen con
facilidad.
Se me escapan las palabras con la misma facilidad con la que
discurren estas gotas sobre mí.
Hoy estoy empapada, al borde del abismo. No estoy yo, no estás tú…
ya no quedan héroes ni heroínas…
